No hay nada que hacer, o sí

Dice Charles Bukowski que la diferencia entre una democracia y una dictadura consiste en que en una democracia puedes votar antes de obedecer las órdenes.

El que quiera verlo, lo digo porque no hay más ciego que el que no quiere ver, se podrá haber dado cuenta que las votaciones ya no sirven absolutamente para nada. Los resultados se pueden manipular a gusto de los pseudo políticos. A posteriori ellos pueden pactar hasta con el diablo, si hace falta, con tal de seguir aposentando sus reales posaderas en las sillas. Son los llamados pactos postelectorales que se vienen a sumar a los pactos preelectorales, de los que tampoco informan.

La desfachatez de toda esta panda de mediocres, su amoralidad, su falta total de ética, su cortoplacismo, su falta de altura de miras y, sobre todo, el permanente estado de aborregamiento generalizado de la ciudadanía nos ha traído hasta aquí. Lo siguiente, ya se lo encontrarán.

Desde éste medio hemos insistido hasta la saciedad de la que se nos venía encima. No se debería seguir consintiendo que auténticos mindundis dirijan nuestro devenir. Es lo peor que se puede hacer. Pero también somos conscientes que seguimos siendo una minoría y que las minorías nunca ganan, hasta ahora.

Ustedes son muy dueños de seguir haciendo lo que les venga en gana pero sepan que todo esto se puede cambiar porque los verdaderos dueños del país somos nosotros, que no ellos. Y si no lo quieren cambiar siempre les quedará las redes sociales para expresar sus quejas. 

Allá ustedes.

 

 

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