Ayer leí que hoy, por fin, el doctor Tedros Adhanom Ghebreyesus va a reconvocar a The International Health Regulations Emergency Comittee de la World Health Organization, WHO, OMS en castellano, para, a lo mejor, declarar el Coronavirus de Wuhan como Alerta Global Internacional. ¡Aleluya!

 

 

Ha habido que esperar a que el sector privado haya comenzado a cerrar sucursales en China, a que las compañías aéreas hayan decidido dejar de volar a China, o a que alguno de los países más avanzados del mundo haya decidido repatriar a sus ciudadanos de China, para que una parte de los organismos mundiales, todos ésos organismos que desconozco para qué sirven, excepto como cementerio de elefantes para todos sus amigotes de la cuchipandi correspondiente que no saben dónde reubicar, y el resto de "gobiernos bananeros" se tomen el Coronavirus como en realidad alguien con dos dedos de cabeza se lo habría tenido que tomar desde el principio. Y así nos va a todos los que todavía padecemos el yugo de algún "gobierno bananero", y tanto da que sea dels millors o dels pitjors

 

 

Y esto pasa porque el tarannà de todos estos "gobiernos bananeros" es siempre el mismo; pretender instalar una especie de miedo colectivo entre sus lacayos, intentar desacreditar a todo aquel que contradiga sus patéticas versiones oficiales y perseguir con todo lo que tengan a su alcance, llámese su fiscal, su justicia, rayadas de coches, pinchar ruedas, desinflar ruedas, multar por estar subido en una acera, cuando ni existe tal acera, acosar con energúmenos disfrazados con el correspondiente uniforme oficial, o despedir, o hacer despedir, a los señalados y al resto de familiares y amigos de todos los señalados. Son tan necios que en pleno siglo XXI pretenden seguir mandando con todas ésas bobadas ancestrales, que les fueron transmitidas oralmente por sus antecesores. (Si se piensan que con éstos métodos tan arcaicos, rudimentarios y del todo trasnochaos vais a cerrar la boca a quiénes no solo no os tienen ningún miedo, sino que se ríen de ellos en su cara, van arreglaos). 

 

 

A diferencia del mundo privado, en el que en las mejores empresas se rodean del mejor talento, en algunos países del mundo, el sector público se rodea de catetos a las tres. Y se rodean de catetos a las tres porque en su delirio e ignorancia ellos no pueden poner a sus órdenes a nadie que brille con luz propia. ¿Quién con luz propia se prestaría a ser mandado por auténticos zotes? Absolutamente ninguno. Y los que se prestan a ello, han de estar muchísimo más asalvajaos que los que les han colocao en el carguillo. (Es su único modo de agradecer el nombramiento que ellos mismos son conocedores de no merecer, y que un miserable plato de arroz, o un sueldecillo que jamás iban a cobrar en el sector privado, les sirve de total justificación para las tropelías que se ven obligados a cometer. Por lo civil o por lo militar, que tanto les da).

 

 

Ayer mismo hasta el Tribunal Constitucional tiraba de las orejas a "su justicia", el término utilizado hasta tiene su cachondeo, "Passivitat Inexcusable", por la demora, y demora, y demora, en el tiempo del "Caso Valora". Pero lo que el Tribunal Constitucional no debe de conocer es que en el "Caso Valora" están una gran parte de los "Intocables de Eliot Ness", muchos de ellos todavía siguen apareciendo en muchos de los medios afines y sumisos dando clases de ética y moral, y otros lo hacen en las redes sociales, y claro está que mientras que ellos puedan, o mientras el pueblo soberano siga adormecido y se lo consienta de una manera tácita, ése caso va a estar indefinidamente en el último cajón de los "casos olvidados", forever and ever. El triste y famoso "aixó no toca" del patriarca de la familia Pujol Ferrusola, elevado a la enésima potencia andorrana. 

 

 

Mañana se cumplen dos años desde que me realizaron la intervención más grave que he sufrido en mi vida. Una operación que me tuvo postrado en cama durante demasiados días. Y en esos días de convalecencia aprendí que en el mundo hay muchísima calidad humana. Lo viví en mis propias carnes. Y también aprendí a contar a todos los que, afortunadamente, han desaparecido de mi vida. Gentucilla a la que quizás les entregué mi más preciado tesoro aún sin merecerlo. Mi tiempo. (Tampoco me arrepiento de lo hecho). Pero lo que de verdad aprendí es que hay dos tipos de dolor; el dolor que duele y el dolor que altera. Y aprendí que el dolor que duele se calma con el calmante adecuado. El dolor que altera, les puedo asegurar que no se calma con nada. Y a todos estos catetos a las tres, a todos los que habéis estado abusando de vuestros carguillos, a los que simplemente habéis mentido, incluso en documento público, a los que habéis despedido de la peor manera posible a trabajadores cuyo único delito ha sido realizar estupendamente su trabajo, a los que habéis partido tantas y tantas vidas, a los que se han llevado incluso vidas por delante, a todos ellos les digo que les va a llegar el dolor que altera. Y tanto que os va a llegar el dolor que altera. Y a alguno le va a llegar multiplicado por dos, o por tres, o elevado a n. La vida es así. Y cuando os llegue, que os llegará, espero que os lo toméis con el mismo espíritu olímpico como el que os han estado demostrando a lo largo de todo éste tiempo todas y cada una de vuestras víctimas. 

Está más que claro que lo vuestro no es reflexionar, porque si hubierais reflexionado un poco sobre las consecuencias que iban a acarrear todas vuestras tropelías, jamás de los jamases las habríais cometido. Y eso que oportunidades para reflexionar las habéis tenido todas. 

 

 

¿Hay algo más peligroso que un tonto? SÍ, sin ninguna duda: un tonto con iniciativa.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Intenten ser felices. 

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