El chófer y el Lord

Dos noticias han centrado mi atención este fin de semana. El terrible accidente de autocar en Lille, y la dimisión de John Sewel, miembro de la Cámara de los Lores del Reino Unido. Aparentemente dos noticias que no tienen nada que ver una con otra pero de las que se puede sacar alguna conclusión. El chófer que en ese momento conducía el autocar, ha reconocido que se dejó guiar por el GPS del vehículo, sin prestar ninguna atención a las señales que indicaban que la altura máxima autorizada en dicha vía era de 2’60m de altura. - A simple vista la altura del autocar no debe ser menor de los 3’50m - Afortunadamente, por su bien, no ha dado positivo en alcohol y/o en el test de drogas porque si encima hubiera dado positivo, lo que le esperaría iba a ser muy duro. En algunas profesiones, básicamente chóferes, la legislación es muy clara: tasa de alcohol en sangre 0’0. No hay ningún lugar a duda. Sin embargo en el resto de profesiones no existe ninguna legislación al respecto, y aquí entra en juego la noticia del tal John Sewel. Todo un Lord que, por haberse hecho público un video en el que se le ve esnifando cocaína y rodeado de varias prostitutas, se ha visto obligado a dimitir de su cargo. Si no hubiera salido a la luz pública dicho video, habría dimitido? Seguramente, no. Uno puede que se vaya avergonzado a su casa, suponiendo que tenga vergüenza, mientras que al otro le espera una acusación por parte de la fiscalía correspondiente. Esta diferenciación legislativa en ámbitos profesionales tan distintos, es lo que ha llamado mi atención. Por qué somos capaces de legislar unas profesiones y otras no? Un chófer de autocar puede acabar con la vida de todos los pasajeros que lleve, y la de posibles terceros, pero un político puede llevar a la ruina a todo un país si no se encuentra en plenas facultades mentales. Acaso alguno de nosotros se pondría en manos de un gobernante, piloto o cirujano que no se encontrase en perfectas condiciones de lucided? La respuesta seguiría siendo no. Por qué no se instalan alcoholímetros y tets de drogas en todos los Palacios Presidenciales, en todos los Congresos, en todos los Senados, en todas las Diputaciones, en todos los Ayuntamientos, etc... Puede que si se instalasen alcoholímetros y tets de drogas en todas esas instituciones nos evitaríamos más de una mala decisión e, incluso, puede que todos viviéramos mejor.

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