Animales-racionales

Según la RAE la definición de hombre es, en su primera acepción: “ser animado racional, varón o mujer”. Precisamente de esta dualidad humana, la de ser “animales-racionales”, es sobre lo que quiero reflexionar. Observando la naturaleza, los que saben dicen que es sabia, vemos como es la propia madre la que, ante un parto en el que haya más cachorros de los que puede mantener, decide eliminar a los que ella cree más débiles y/o los que menos posibilidades tienen de mejorar su especie. La naturaleza, en su constante afán de mejorar la especie hace que la madre sepa elegir cuál, o cuáles, sacrificar de entre todos sus cachorros. Qué hacemos los humanos? Pues exactamente todo lo contrario. Los humanos en vez de proteger y ayudar a los más fuertes, que es lo que se observa en la naturaleza, que los que saben dicen que es sabia, decidimos proteger y ayudar a los más débiles y, para no sentirnos mal y/o culpables, a ésa decisión la denominamos “naturaleza humana”. Y nos quedamos tan a gusto que para eso somos racionales. Qué consecuencias tiene tal decisión? Pues algunas más de las que nos podemos llegar a imaginar. La más grave de todas es que estamos creando verdaderos monstruos que, desde su más tierna infancia, aprenden a desarrollar una serie de mecanismos, que los más fuertes no tienen ni idea de su existencia, para conseguir lo que sea que se les pase por la cabeza. De niños desarrollan el pataleo, los lloros indefinidos o cualquier otra técnica para conseguir todo aquello que se les haya metido entre ceja y ceja. Sin problema. Más tarde, y viendo que hasta el momento todo han sido ventajas, aprenden a seguir consiguiendo lo que sea, desarrollando nuevas técnicas. Para qué esforzarse como los “tontos” de sus hermanos, si ellos son capaces de conseguir más, y mejores, cosas, con cualquiera de sus ya abundantes “habilidades”? El problema es cuando llegan a la juventud. Aquí es dónde verdaderamente se agrava el tema, porque conocen a “otros” protegidos, normalmente tan ociosos como ellos, y se ponen a planificar cómo conseguir más altas metas, pero esta vez en común, que para eso son todos “colegas”. (Recordemos que los fuertes de todo esto no tienen ni idea y, además, están ayudando en casa con el negocio familiar y/o estudiando para labrarse un futuro...). Suelen empezar con pequeños objetivos, tales como meterse en asociaciones o clubs deportivos locales, en las que una vez acabada su formación de conseguir cualquier cosa, sin dar un palo al agua, a la vez les sirven para hacer prácticas. Siguen engrandeciendo su CV ya que el resto de afectados ha visto su capacidad de conseguir cualquier cosa, se van haciendo un buen nombre en la sociedad que les rodea, que simplemente los admira. (Los fuertes siguen avanzando como pueden en sus vidas porque al ser fuertes sus progenitores pasan de ellos alegando que ya se saldrán). El cóctel está servido: tenemos a unos cuantos “protegidos”, que no saben hacer absolutamente nada de nada, con unos conocimientos brutales de cómo conseguir lo que sea, por el método que sea, y a cualquier precio, que más da, que además tienen experiencia en lo que sea, tampoco tiene más importancia, pero a los que se les ha quedado pequeño todo lo conseguido hasta la fecha y que deciden, con un total convencimiento, dedicarse a la política. (Los fuertes no tienen tiempo porque los que ayudaron en el negocio familiar se andan peleando con la generación anterior y los que decidieron estudiar están ganando un sueldo de “mierda” y necesitan todas las horas del día para poder llegar a final de mes...). Aquí es cuando el tema ya no tiene solución. Es cuando nos encontramos, con lo que nos encontramos, y empezamos a ser conscientes de en manos de quiénes hemos puesto nuestro destino, que es el de todos. Reclamaciones: “Al maestro armero”.

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