Aunque para muchos de ustedes el 3 de septiembre sea una fecha más del calendario, para el que suscribe es una fecha significativa llena de vida, de gozo y de alegría. Hoy, 3 de septiembre, acabo las sesiones de quimioterapia que por protocolo médico lo que queda de mi cuerpo ha tenido que soportar. Y cuando éste artículo de opinión salte en el Altaveu estaré en una de las habitaciones de la cuarta planta del hospital recibiéndola. (No se piensen que esto sea mágico, ni nada por el estilo. La increíble máquina que hay detrás del Altaveu permite programar hasta cuándo quieres que salten los escritos).

Sé perfectamente lo que me va a pasar los próximos quince días porque después de cada sesión siempre me ha ocurrido lo mismo. Lo que desconozco es qué le pasará a lo que queda de mi cuerpo pasados esos quince días. Pero como no puede ser de otra manera, ahí estaré para comprobarlo y padecerlo. (Los males siempre son más difíciles de pensarlos que de padecerlos). 

Cuando la palabra "cáncer" entra a formar parte tu vida, ésta se pone patas arriba. De golpe parece que todo tenga que cambiar. Aparece una sensación de extrañas urgencias. El final puede estar anunciando su llegada. Y empiezas a ser consciente que nunca has estado tan equivocado y que desde pequeño te enseñaron a valorar lo realmente esencial de la vida y a no dar ninguna importancia a lo insignificante, baladí, vano, fútil, frívolo, insustancial, intranscendente, trivial, vacuo, pobre y superficial. Y te das cuenta de la gran educación que recibiste en la que palabras como actitud, esfuerzo, sacrificio, trabajovalores, sobresalían muy por encima del resto. Aprendí a cargarme con la fuerza de la razón para vencer a la razón de la fuerza de los que siempre han abusado de "su poder", a mirarlos de tú a tú cuando los he tenido delante, a ayudar a los más desfavorecidos, qué menos, a ser generoso sin esperar nada a cambio, porque siempre me he sentido más que afortunado al estar en el lado del poder dar. Pero si algo me grabaron a sangre y fuego es el ser una persona muy agradecida. Y el primer agradecimiento que tengo hacer es para mi progenitor. Muchísimas gracias padre por haberme inculcado tu manera de ver la vida. ¡¡Jamás podré agradecerte lo suficiente todo lo que me enseñaste!!

(A mis amigos, a todos los que han estado a mi lado en mis momentos más duros ya se lo he agradecido personalmente, y no lo voy a volver a hacer desde aquí. Y a los que han "desaparecido", comunicarles que no es que se les haya echado de menos; se les ha echado de más).

 

 

La enfermedad

 

Todo empezó en la primavera de 2017. Toda mi vida he llevado muy mal la denominada "astenia primaveral", llamada así porque se suele dar en ésa estación del año, y cuyos síntomas son el cansancio, la somnolencia, la falta de energía, la alteración del sueño, la ansiedad, la irritabilidad, la pérdida de apetito, las cefaleas, la disminución de la libido, los problemas de concentración y la falta de motivación. Pero no era "astenia primaveral". Gracias a mi constante curiosidad por saber, he podido saltarme varias de las etapas que todo el mundo suele padecer ante una mala noticia relativa a nuestra vida y que normalmente son cinco: negación, enojo, depresión, aceptación y aprendizaje. Acepté desde mucho antes que los médicos pronunciaran la palabra "cáncer", ellos no pueden decir a un paciente ésa palabra hasta que no tienen la total certeza, lo que había. Leí y me informe todo lo que pude, y más, de la que se me venía encima. Jamás he negado ni he estado enojado por mi nueva situación y a fuer de ser sinceros solamente un día me he venido abajo y lloré. , lloré porque me gustaría acabar una serie de temas que aún me quedan pendientes y que mal que les fastidie a unos cuantos pienso finiquitar. 

 

Etapas del duelo

 

 

La medicina en Andorra

 

La medicina en Andorra es fenomenal, a pesar del Govern dels millors, sus ministros, sus directores del SAAS y del Hospital, y toda ésa especie de "corte celestial". En Andorra hay magníficos galenos. Y a poco que hubiera un poco de sentido común entre nuestros todavía gobernantes, habría más.

Al principio de mi enfermedad tuve el enorme placer de conocer a la Doctora Gemma Pujal Reyes, una gran internista. Ella fue la que me mandó de cabeza al hospital. ¡¡Muchísimas gracias Gemma!! 

Una vez en el Hospital tuve la suerte de dar con la Doctora Silvia Vidal Ferrer, otra gran internista. ¡¡Y qué sonrisa tan bonita!! Ella fue la que montó y coordinó todo el equipo médico que me ha sacado adelante. ¡¡Muchísimas gracias Silvia!!

Cómo no mencionar al Doctor Ramón Fabra Negueruela, un enorme gastroenterólogo, que fue número uno de su promoción. ¡¡Madre de Dios qué fenómeno!! Él fue el que insistió una y otra vez en que en mi cuerpo tenía que haber un cáncer como una casa de payés. Y no cejó, ni paró, hasta dar con él. Y ahí estaba... Gracias a ti sigo vivo. ¡¡Mi más profundo y sincero agradecimiento Ramón!!

Muchísimas gracias a María Elena Saba por tu infinita paciencia al enseñarme todo lo que tenía que hacer para remediar mi diabetes (¿?). ¡¡Eres un cielo!! Muchísimas gracias también a Eduard Reinoso Zamora por enseñarme lo que tenía que comer y lo que no. ¡¡Eres un crack!!

Y había que operar, o . Y había que preparar mi cuerpo para una larga intervención. Aquí quiero dar muchísimas gracias al Doctor Ricard Ballester Ribera, un gran cardiólogo, y al Doctor David Ferré Bonet, un enorme angiólogo, por todas las atenciones recibidas. Agradecer también a la Doctora Mireia Martínez Abelló su trato exquisito y sus profundos conocimientos. ¡¡Muchísimas gracias Mireia por prepararme tan bien para la operación!!

La que se me venía encima era de aúpa. Una operación de más de 10 horas. Y ahí vuelven a aparecer otras manos divinas andorranas; el anestesiólogo, Doctor Lluis Call, el cirujano, Doctor Pere Jordi Galais y su ayudante, el Doctor Xavier Güell Bergé. ¡¡Vaya tres fenómenos!! ¡¡Muchísimas gracias Pere y muchísimas gracias a todo tu equipo!! 

(Y sin tener que ir ni a Barcelona, ni a Toulouse, ni a New York, ni a Tel Aviv. ¡¡En casa!!).

 

(Esto es lo que me encontré cuando abrí por primera vez los ojos en la habitación 306).

Agradecer también al Doctor Lluis Álvarez Castillo su valiosa aportación en varios momentos puntuales de mi larga recuperación. 

Y como colofón a la operación, y por protocolo médico, había que realizar unas cuantas sesiones de quimioterapia. Y el Doctor Santiago Albiol Rodríguez ha sido el encargado de dármelas. ¡¡Mi eterno agradecimiento Santiago y a las enfermeras Gemma y Silvia!!

 

La gran calidad y calidez humana del personal del Hospital

 

La calidad y calidez humana del personal del Hospital en Andorra es extraordinaria, a pesar del Govern dels millors, sus ministros, sus directores del SAAS y del Hospital, y toda ésa especie de "corte celestial". En realidad el Hospital es bastante caos. (Los fines de semana no hay cambio de sábanas ni de toallas. Cuando te pasas allí días y días, semanas y semanas, te vas dando cuenta. Un buen día habían desparecido 300 toallas. ¿Cómo pueden desaparecer 300 toallas?). ¡¡Increíble el descontrol!! Pero todos esos fallos que hay lo suplen, con creces, el excelente y magnífico personal que trabaja en el Hospital.

Cómo olvidarme de todos los que me habéis cuidado y mimado en la habitación 306 durante tantos y tantos días; encabezadas por Estefania, muchísimas gracias a mis enfermeras y enfermeros favoritos: Cheska, Clara, Sandra A., Sandra C., Judith M., Judith A., Naiara, Rocío, Gemma, Puri, Noelia, Aurora, Borja y Félix, y a las auxiliares Encarna, Katia, Montse, Vero, Virginia, Elsa y Nuria. ¡¡Muchísimas gracias a todas y todos!!

Cómo no recordar a mi camillero favorito, Magí, al que de pequeño he llevado tantas veces y que ahora es él el que me ha llevado a mí. (Qué cosas tan curiosas tiene la vida...).

Y cómo olvidarme de mis ángeles de la cuarta planta Marta, Virginia, Puri, Carmen, Gemma, Silvia Marteta.

 

 

Tampoco me quiero olvidar de la Señora del parking del Hospital, Amalia, que tuvo la santa paciencia de enseñarme cómo iba la máquina de pagar con la tarjeta de crédito. ¡¡Muchísimas gracias Amalia!!

También mencionar a Alain, el enfermero del Cap de Ordino. ¡¡Qué gran persona eres Alain!!

Puede que sea la manera en la que fui educado o puede que sea mi manera de ser la que siempre me ha impedido trabajar para cualquier cenutrio. Siendo como soy, sería incapaz de aguantarlo más de un minuto. Es por eso que menosprecio a toda ésa gente que "pide respeto" sin merecerlo. Son tan bobos a las tres que no son capaces de darse cuenta que el "respeto" no se pide; ¡¡el respeto se gana!! Y a toda ésta gente que estoy mencionando, a los que me haya olvidado les pido perdón, decirles que merecéis mi más profundo respeto y admiración. Y añadir que ése respeto y admiración se multiplica por infinito cuando he visto lo que tenéis que soportar en vuestro increíble día a día. (Mandarlos a todos a "Can Pistrano" es una auténtica liberación...). 

Por último agradecer de todo corazón a Fred, Raúl y Santi, de la compañía de seguros Assegurances Generals, su magnífico comportamiento humano y profesional hacia mi persona. ¡¡Sois fenomenales!! (De otra compañía de seguros tiempo tendré de hablar...).

 

¡¡Mi más profundo y sincero agradecimiento a todos!!

 

Y a todos aquellos que aún sabiendo que he estado, y estoy, enfermo me habéis pedido que dé la cara por vosotros, porque os daba miedo alzar la voz por las razones más estrambóticas, patéticas, penosas y peregrinas que he oído en mi vida, a todos aquellos del "qué hay de lo mío", a todos aquellos del "club de los losers", que nunca admitiréis que no servís para nada, simplemente deciros que si a los otros los menosprecio, a vosotros ni os hago ni aprecio, que es el mayor de los desprecios. Y cuando habéis intentado que entendiera vuestras más que estrambóticas, patéticas, penosas y peregrinas razones para no alzar la voz contra las injusticias recibidas, siempre he pensado lo mismo: ¡¡No me jodas!! ¿No sois capaces ni de levantar la voz para defender lo que es vuestro? ¡¡Qué pena me dais!! Y a los del "qué hay de lo mío", y a los del "club de los losers", deciros que, como entre todos solo sumáis una neurona, también os habéis equivocado de enemigo. (No acertáis una ni por prescripción facultativa).

Puede que la enfermedad me acabe venciendo. Y si fuera así aquí me encontrará de pie y con una sonrisa. ("Si la muerte nos sonríe a todos, devolvámosle la sonrisa"). En realidad he tenido una vida maravillosa y tan solo les puedo desear que tengan una vida tan dichosa como la mía. Que puedan despertarse una mañana y decir: "No deseo nada más". Pero los que seguro que nunca me vais a vencer sois toda ésa panda de mequetrefes que os habéis dedicado a complicar la ya de por si difícil vida de tanta y tanta buena gente.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Intenten ser felices.

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