Tiempos para la sociedad civil

La Sociedad Civil es un concepto que pertenece especialmente al contexto de la ciencia política y refiere a todos aquellos individuos con el título de ciudadanos de una sociedad determinada que actúan de manera colectiva, con el objetivo de tomar decisiones en lo concerniente al ámbito público, por fuera de cualquier tipo de estructura gubernamental.

Viendo el deplorable panorama político que nos rodea con la repentina aparición de populistas salvapatrias que no son sino la consecuencia de la falta de control a los innumerables desmanes de antiguos gobernantes instalados en la más absoluta y total corrupción, y que incluso se transmiten de padres a hijos y de mandatarios a sus sucesores, y recordando períodos trágicos de la Historia del siglo pasado, puede que ante la falta de pudor y conocimientos de nuestros gobernantes y ante la total inacción de todas las oposiciones, más preocupadas en pactar cualquier cosa con tal de no salir retratados en la foto, pienso que ya es hora que la sociedad civil andorrana se erija en ejemplo, de un paso al frente e intente acabar con la actual sinrazón que inexorablemente solo nos va a llevar al fracaso más absoluto.

En general, los políticos tienen mala fama. Y cada vez peor. Es cosa vieja pero que se ha venido agravando conforme más faltos de ideas están todos. Pasa lo mismo con los partidos. Con más razón desde que han comenzado a turnarse y tienen ocasión todos ellos de defraudar a sus respectivos electores y dejar incumplidas sus promesas de campaña, que son todas igualmente fantasiosas. Es cosa vieja y podemos terminar por acostumbrarnos. Lo malo es que la retórica habitual de nuestra vida pública es de un maniqueísmo infantil y necesita siempre que haya buenos y malos de modo que cuando no los hay, se inventan. En el campo de la política, podemos descubrir muchos ejemplos de ansia de poder: se es demócrata en tanto en cuanto me votan a mí, sin el más mínimo reparo en estigmatizar −incluso rozando el Código Penal− a los que han votado a otros, sin ese mínimo respeto, aunque sea forzado, para declarar que el pueblo nunca se equivoca.

Pienso que nuestra sociedad está enferma o al menos anestesiada. Y también pienso que sin una sociedad civil sana, la democracia está asimismo enferma. Habermas afirmaba que la existencia de una sociedad civil diferenciada de la sociedad política es un prerrequisito para la democracia y que, sin ella, no hay Estado legítimo. Para Tocqueville, cualquier tipo de organización social resulta favorable para la democracia en tanto que constituye una especie de escuela para la participación, así como un dique para contener la invasión del Estado en los espacios sociales. Pero Tocqueville, y muchos con él, ven que precisamente el Estado se hace con la sociedad civil en lugar de ser ésta el dique que imposibilite la conquista del Estado de esos espacios sociales, lo que viene a mostrar la doble enfermedad de la sociedad civil y del Estado mismo.

Rajoy, tan falto de ideas como el resto, ha vuelto. Y vuelve dispuesto a impedir el referéndum catalán por la fuerza. Dicho y hecho. El viernes fueron detenidos, y más tarde puestos en libertad, 20 personas en relación a la Operación Pika. Y Andorra va a volver a salir perjudicada. Nuestro ministro d'Afers Exteriors, el que se va sin irse, ya se ha reunido con su homólogo español para preparar la próxima reunión entre Mariano y "Antonio", como coloquialmente llama Rajoy a Toni Martí. (¡¡Hasta donde yo sé los nombre propios jamás se traducen Mariano!!). ¿Quién saldrá perjudicado ésta vez? ¿El verde, el azul o el amarillo?

La solución ya no está en manos de nuestros políticos. Unos y otros nos han llevado a una evidente sumisión de vasallaje total a los delirantes caprichos del Gobierno de Mariano. Podemos continuar siendo meros espectadores de todo éste lamentable despropósito o podemos organizarnos, ser proactivos y empezar a tomar decisiones que, al fin y al cabo, nos están afectando a todos. Ustedes mismos.

 

 

 

Intenten ser felices.

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