Andorra pone el contador en marcha para entrar en el Fondo Monetario Internacional (FMI). Dicha noticia se ha publicado, pero no han trascendido suficientemente a la población andorrana las explicaciones de la necesidad o el porqué de la entrada de nuestro país en el FMI. Esperemos que el Govern haga una labor didáctica al respecto.

Debemos empezar por explicar que el FMI se creó después de la Segunda Guerra Mundial, cuando los Estados Unidos de América victoriosos impusieron su orden económico mundial, haciendo que todos los países del mundo con algún poder económico sometieran sus monedas al oro o al dólar USA.

En aquellos momentos salieron voces discordantes, como la del representante inglés, John Maynard Keynes, que propuso un banco central mundial y una moneda mundial (el bancor), pero ello iba en detrimento del dominio del vencedor de la guerra (Estados Unidos) y no fue aceptado. Se impuso el modelo que proponía Estados Unidos.

Actualmente forman parte del FMI 189 países, mientras que en la ONU hay 193. El FMI tiene unos fondos disponibles de más de 1.202.000.000.000 de dólares. Fomenta la economía capitalista (políticas monetaristas y neoliberalistas). En un principio pretendía evitar crisis como las que se habían desarrollado en 1929 y reconstruir países deteriorados por la Segunda Guerra Mundial, pero actualmente ‘ayuda’ a países con problemas en su deuda o en su balanza de pagos, financiando temporalmente a éstos a cambio de que adapten sus estructuras económicas públicas y privadas a los intereses de los países desarrollados.

De hecho el premio Nobel de Economía y economista jefe del Banco Mundial Joseph Stiglitz ha criticado al FMI por los efectos negativos que la imposición de políticas provoca en los países necesitados de ayuda en los siguientes términos:

  • Saneamiento del presupuesto público a expensas del gasto social. El FMI apunta que el Estado no debe otorgar subsidios o asumir gastos de grupos que pueden pagar por sus prestaciones, aunque en la práctica esto resulte en la disminución de los servicios sociales a los sectores que no están en condiciones de pagarlos.
  • Generación de superávit primario suficiente para cubrir los compromisos de deuda externa.
  • Eliminación de subsidios, tanto en la actividad productiva como en los servicios sociales, junto con la reducción de los aranceles.
  • Reestructuración del sistema impositivo. Con el fin de incrementar la recaudación fiscal, ha impulsado generalmente la implantación de impuestos regresivos de fácil percepción (como el Impuesto al Valor Agregado)
  • Eliminación de barreras cambiaias. El FMI en este punto es partidario de la libre flotación de las divisas y de un mercado abierto (no afecta a Andorra, puesto que utiliza el euro).
  • Implementación de una estructura de libre mercado en prácticamente todos los sectores de bienes y servicios, sin intervención del Estado, que sólo debe asumir un rol regulador cuando se requiera.
  • El concepto de servicios, en la interpretación del FMI, se extiende hasta incluir áreas que tradicionalmente se interpretan como estructuras de aseguramiento de derechos fundamentales, como la educación, la salud o la previsión social.
  • Políticas de flexibilidad laboral, entendido como la liberalización del mercado de trabajo.

El acceso a crédito del FMI por parte de los países participantes oscila entre el 200% (anual) y el 600% (acumulado) de su cuota. Según se ha publicado, la cuota de Andorra será de 30.000.000 de dólares, por lo que el máximo crédito acumulado al que tendría acceso Andorra sería de 180.000.000 de dólares.

Si bien es cierto que ser uno de los pocos países del mundo que no forman parte del FMI (junto a Mónaco, Cuba y Liechtenstein) (http://www.imf.org/external/np/exr/facts/spa/pdf/glances.pdf ) puede ser una vergüenza para un país que se pretenda entre los desarrollados,  su pertenencia a éste club no se ha considerado necesaria hasta la fecha. ¿Porqué ahora sí?

A falta de una explicación coherente y suficiente aclaratoria por parte de las autoridades andorranas, se me ocurre lo siguiente:

  • La crisis de BPA ha debilitado de forma importante tanto la estabilidad, los recursos, fondos propios, generación de beneficios y credibilidad del sistema financiero restante andorrano.
  • La deuda de todo tipo del Govern y los comuns más las parapúblicas (sector público andorrano) que aproximadamente en éstos momentos ronda los 1.200.000.000 de euros están financiadas principalmente de dos formas:

      - entre las entidades financieras andorranas, y 

      - por la deuda pública emitida por el Govern a corto plazo, que se va renovando sin amortizar (y que puede colocarse de forma disimulada en fondos monetarios y de renta fija emitidos por bancos andorranos, pasando el riesgo a los clientes que compran dichos fondos).

  • A nivel exterior se ha intentado que nos financien y el resultado ha sido nefasto (Crédit Agricole).
  • La concentración de deuda pública total financiada internamente supone una concentración de riesgo que el supervisor (INAF) no debería autorizar, o al menos debería recomendar su diversificación.
  • Si los acontecimientos fueran negativos para la estabilidad del sistema financiero andorrano, el Govern debería buscar alternativas para financiarse para no llegar al impago: una solución sería acceder a la financiación alternativa del FMI, para lo cual es necesario que sea socio.

La cuestión que surge inmediatamente después de ésta serie de reflexiones es que el crédito que se podría obtener no es gratis: habría que acceder a las ‘recomendaciones’ que el FMI haría a Andorra, que de momento no sabemos cuáles serían, pero no estarían muy lejos de las exigencias que la UE nos está requiriendo, aparte de un esquema tributario más gravoso y acorde con las economías desarrolladas, por no hablar del sobredimensionado funcionariado, la educación, la sanidad (CASS), tabaco, pensiones, (todo a cargo del Estado). Etcétera.

Un esquema tributario más ‘homologado’ internacionalmente significaría pagar impuestos como si estuviéramos en Estados Unidos, España o Francia, lo cual implica un elevado aliciente a la ‘creatividad fiscal’ que tan bien ha atendido la banca andorrana en el pasado para sus clientes defraudadores de las haciendas de sus países de origen. Ahora el que pagaría impuestos sería el ciudadano andorrano, lo que le ‘forzaría’ a buscar ‘soluciones’ para evadir impuestos andorranos. La banca andorrana tiene suficientes recursos en sus filiales exteriores como para ofrecer soluciones (Panamá, Bahamas, Suiza, etc…) a sus clientes andorranos. En caso contrario significaría una nueva sangría de dinero de clientes para el sistema financiero local. Difícil disyuntiva, pero de resolución clarísima: habría que procurar que los andorranos pagasen más impuestos en Andorra (lógicamente, no por culpa del Govern si no por exigencias del FMI).

Parece claro que el futuro de Andorra debe pasar por una reestructuración muy importante del sistema financiero local. Quizás la pertenencia al FMI pueda ser una ‘ayuda’ para dejar las cosas ‘atadas’ de forma conveniente para algunos importantes intereses locales.

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