Hablo con Periquín. Periquín, nombre por descontado ficitcio, es un hombre que ha hecho muchísimos años de chófer. Periquín, ahora que ya tiene unos años, no está en la mejor época de su vida, puesto que está pasando un proceso canceroso. Periquín se ha tenido que someter a unas cuantas sesiones de quimioterapia, y ello le ha dejado hecho polvo. Pero Periquín, que a muy a pesar suyo no va a poder conducir nunca más vehículos pesados, y en acto que dice mucho de él, aún tuvo el coraje de pasar su examen psicotécnico con fin de renovarlo. Casi 61€. Con lo que no contaba Periquín es que su enfermedad le iba a hacer entrar y salir del hospital, y que cuando no se ha encontrado mal, se ha encontrado peor. Periquín, hombre ordenado como pocos, tiene unos cuantos dosieres, ordenados por años, con todo su expediente clínico, y entre todos esos dosieres estaba el certificado médico especial que se otorga a los profesionales del volante.  

Cuando no se tiene salud, poco o muy poco te importa el resto. Y eso lo sabemos todos aquellos que en un momento de nuestra vida nos ha pasado. Pues hete aquí que el bueno de Periquín un buen día, cuando se ha encontrado mejor, se encaminó hasta el edificio de Govern para renovar su carné de conducir. Pero, cuál no sería la sorpresa de Periquín cuando la persona que le atendió, aplicando según ella la ley, le espetó que su certificado médico estaba caducado, por lo visto, y aunque en el certificado que Periquín me ha enseñado no pone ninguna fecha de caducidad, los certificados médicos caducan a los tres meses de la fecha de expedición. Periquín, buena persona como es, intentó explicar a la persona de Tramits todo lo que le ha pasado durante todo este periodo, pero la susodicha se remitió a la ley, a la ley y a la ley. Y digo yo, si un certificado médico te autoriza a conducir durante x años, Periquín ya no lo puede renovar por 5 años, ¿qué más da que haya sobrepasado los tres meses? Insisto en que en el certificado médico no hay ningún sitio que ponga lo de los tres meses, pero bueno. La ley, la ley y la ley...

Hablo con Luismi, nombre por descontado ficticio, y me dice que es un estudiante de la UDA y que como tal tiene derecho a un abono para estudiantes de la UDA por 400 viajes. El precio es de 50€, toda una fortuna para un estudiante, que él abonó a su debido tiempo. Pues bien el bueno de Luismi, viendo que nadie se ponía en contacto con él por lo del abono, llama a dónde sea, Luismi es muy parco en palabras, y le dicen que su petición ha sido desestimada porque en el segundo semestre apenas tiene créditos que justifiquen dicho abono. ¿Cómo va a tener créditos si en éste segundo trimestre está haciendo prácticas? ¿Acaso ser estudiante de la UDA no es bastante para que te concedan dicho abono? El bueno de Luismi se siente robado y estafado porque no tiene manera de que nadie le devuelva sus 50€. La ley, la ley y la ley...

Hablo con Paco, nombre por descontado ficticio, y me cuenta algo que no me entra en la cabeza. Resulta que Paco nació en un país sudamericano en el que vivió hasta los cuatro años, fecha en que sus padres se trasladaron a España, en la que ha crecido y ha tenido toda su escolarización. Pues el bueno de Paco me afirma que cuando empezó los trámites para sacar sus papeles en Andorra, le exigieron un certificado de penales de su país de origen. ¡¡De cero a cuatro años!! ¿Qué penales puede tener un niño de 4 años? La ley, la ley y la ley...

Hablo con María Luisa, nombre por descontado ficticio, y me dice que tiene su boca sellada. María Luisa ha trabajado toda su vida en una entidad bancaria, de las que hay que salvar a toda costa, y hace algunos meses la pusieron en la calle. Y María Luisa, como tantos y tantos trabajadores bancarios, está sujeta a lo que se llama "secreto bancario". Y digo yo, que una cosa es que los trabajadores bancarios deben ser discretos respecto a lo que los demás tenemos ahí dentro, pero otra, muy distinta, es que a todos esos trabajadores el secreto bancario les convierta en cómplices de las animaladas cometidas en sus bancos. La ley, la ley y la ley...

Hablo con Pedro, nombre por descontado ficticio. Pedro me cuenta que para poder renovar sus papeles de residencia en inmigración va a tener que pedir dos días de fiesta en el trabajo porque su horario laboral es el mismo que el de inmigración. Además Pedro se tiene que realizar una prueba en el hospital de día y está a la espera de que en el trabajo le digan cuándo puede estar sustituido. La ley, la ley y la ley...

Hablo con Juan, nombre por descontado ficticio, y me cuenta que su padre, un hombre de 80 años, apenas recibe una pensión de 300€ al mes porque tiene alquileres a su nombre y no puede aspirar a cobrar más de jubilación, pese a que ha cotizado desde que se creó la CASS. La ley, la ley y la ley...

Hablo con Sebastián, nombre por descontado ficticio, y me cuenta que él no tiene cuentas en ningún banco y que todo lo realiza en efectivo. Y no tiene cuentas en los bancos porque no se fía de ninguno. Pero ahora está espantado porque va a tener que tenerlas. La ley, la ley y la ley...

Hablo con Jorge, nombre por descontado ficticio. Jorge tiene un problemón de mucho cuidado. Resulta que a Jorge le van a devolver una propiedad, ¡¡DEVOLVER!!, y está alucinando pepinillos porque va a tener que pagar ITP. Jorge, andorrano de muchas generaciones, se quiere ir de Andorra. La ley, la ley y la ley...

Hablo con Pepe, nombre por descontado ficticio. Pepe, que llegó a Andorra con apenas 10 años, tras muchos años de luchar por sus negocios, tira la toalla y se va de Andorra. Pepe me dice que es del todo imposible seguir en éste peís. A Pepe muchísima gente le va a echar de menos. La ley, la ley y la ley...

Me encuentro con Mike. Mike era de esos jubilados ingleses que se instalaron en Andorra, en la época, por su tranquilidad, por su fiscalidad y por sus tantos días de sol. Pero Mike hace unos cuantos años que hizo las maletas para irse a otro peís que le ofreciera lo que en su día le ofreció Andorra. Y ha vuelto para acabar de liquidar, porque el precio ya es de derribo, lo que le queda en Andorra. La ley, la ley y la ley...

Podría seguir, seguir y seguir explicando muchísimos más casos reales de lo que aquí ha estado pasando durante los últimos 8 años. Pero no lo voy a hacer porque me produce una pena infinita. Lo que si quiero que les quede claro es que cuando un Govern, aunque sea dels millors, toma malas decisiones, la gente se acaba yendo. Y costará décadas que Andorra vuelva a ser la sombra de lo que ha sido.

El próximo 7 de abril muchos de ustedes van a tener la posibilidad de cambiar el rumbo del peís. Y si no lo hacen, luego no se quejen. Ésta es la ruina de peís que nos ha dejado toda esa banda.

 

 

 

 

 

 

¡¡En las próximas elecciones no les demos ni un solo voto!!

¡¡Ja no us tenim por!!

 

 

 

 

 

Intenten ser felices. 

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